El plástico forma parte de nuestra vida cotidiana porque reúne cualidades muy difíciles de encontrar en otros materiales: es ligero, resistente, resulta barato de producir y puede emplearse en una enorme variedad de productos. Precisamente por estas ventajas, su uso se ha extendido de forma masiva hasta el punto de que podemos decir sin exagerar demasiado que vivimos rodeados de plástico. Sin embargo, esta misma expansión ha convertido los residuos plásticos en un problema ambiental de primer orden. Su producción continua, la mala gestión de los residuos que genera al final de su vida útil y su lenta degradación en el medio ambiente ha provocado que se acumule en ríos, suelos y océanos, dañando ecosistemas, afectando a la biodiversidad y planteando riesgos incluso para la salud humana.
La Unión Europea produce cada año más de 2200 Mt (millones de toneladas) de residuos, de los cuales solo alrededor de una décima parte (unos 230 Mt) corresponden a residuos sólidos municipales. De estos, apenas otra décima parte (32.3 Mt en 2022) está constituida por residuos plásticos. Es una cifra contrasta con los casi dos tercios del total de residuos procedentes de las actividades de construcción (850 Mt) y minería (500 Mt), que, al igual que el plástico, siguen en gran medida modelos lineales, que van en su mayor parte desde la obtención de las materias primas hasta su conversión en residuo, con niveles de reutilización y reciclaje limitados. No obstante, el hecho de que prácticamente toda la población sea generadora diaria de residuos plásticos hace que su impacto ambiental sea especialmente visible y difícil de gestionar. El problema es especialmente agudo en el caso de los materiales de envasado, cuyo uso es muy breve y cuya tasa de generación de residuos es muy elevada.
Determinar cuánto plástico emitimos al medio es un problema difícil. La OCDE en su informe de 2022 Global Plastics Outlook: Policy Scenarios to 2060, estima una producción total de plástico de 460 Mt, incluyendo fibras y elastómeros, de las cuales 428 Mt corresponden a plásticos producidos a partir de materias primas fósiles y de nueva extracción (datos de 2019). De esa cifra se habrían reciclado, en peso neto, tras restar pérdidas, 33 Mt. De los residuos gestionados 174 Mt habrían ido a vertedero y 67 Mt a incineración. Finalmente 79 Mt escaparían al medio sin control o tras procesos inadecuados como la quema al aire libre. La suma de residuos alcanza 353 Mt, por lo que la diferencia con los 460 Mt producidos supone 107 Mt que caen fuera de la contabilidad y que sumados a los 79 Mt que escapan al medio supone un 40 % del total del plástico producido.
La gran diversidad de sistemas de gestión de residuos a escala mundial, que abarcan desde modelos altamente regulados hasta otros en los que las prácticas informales están muy extendidas, introduce fuertes diferencias en la recogida, el tratamiento y el destino final de los plásticos. Esta heterogeneidad dificulta la comparación y la fiabilidad de las cifras sobre el ciclo de vida del plástico, ya que muchos flujos no se registran de forma homogénea o quedan directamente fuera de las estadísticas oficiales. Podemos obtener una visión más clara recurriendo a los datos disponibles en la Unión Europea a través de sus estadísticas oficiales y los estudios realizados por diversas organizaciones y empresas incluyendo los detallados informes emitidos por Plastics Europe, la asociación paneuropea de productores de plásticos, que representa a empresas que fabrican más del 90 % de los polímeros en Europa.
En el conjunto UE+3 (Unión Europea junto con Suiza, Noruega y el Reino Unido), la producción de polímeros de origen fósil destinados a la fabricación de plásticos alcanzó en 2024 los 43.3 Mt (millones de toneladas). Esta cifra excluye la mayoría de las fibras textiles, el caucho sintético y usos no plásticos como recubrimientos, pinturas y adhesivos y se incrementaría hasta algo más de 50 Mt si se incluyesen. Los datos más recientes disponibles (que datan de 2022) indican que la cantidad total de residuos plásticos recogidos con el objetivo de ser reincorporados al ciclo productivo fue de 32.3 Mt recogidos, de una producción neta de plásticos de 47.2 Mt. Se trata de los residuos recogidos por esquemas oficiales a los que pertenece el cubo amarillo español (para envases). Resulta interesante entrar en el detalle del ciclo del plástico mediante un diagrama de flujo de materiales. La figura lo muestra utilizando los datos disponibles para 2022, último con datos públicos razonablemente completos y en su mayor parte procedentes del informe The Circular Economy for Plastics – A European Analysis, Plastics Europe, 2024.
De los 32.3 Mt de plástico recogido como residuo, la mitad (16.0 Mt) terminan siendo incineradas y la cuarta parte (7.6 Mt) en vertederos, aunque la distribución cambia bastante por países. En España, por ejemplo, las proporciones casi se invierten. A los 8.7 Mt restantes, de las que se han deducido ya las pérdidas durante el procesado, hay que restar 1.0 Mt de exportaciones de plásticos reciclados y 0.8 Mt de residuos plásticos que, siendo recogidos y clasificados dentro de Europa, se exportaron a países fuera de la UE-27+3 específicamente con el fin de ser reciclados. El resto, 6.8 Mt, casi todos procedentes de reciclado mecánico ya que la aportación del reciclaje químico es aún marginal, vuelve al proceso productivo (flecha verde en la figura). El balance se completa con el saldo comercial, ligeramente favorable a las exportaciones. Este dato está calculado como la diferencia entre la conversión de plástico en la EU27+3 y el consumo por parte de los usuarios finales. Este cálculo puede ofrecer algunas dudas; pero en cualquier caso representa un porcentaje pequeño del total de la producción.
El balance al flujo de plástico refleja que hay 21 Mt de plástico desaparecidas. Se ha sugerido que una parte estarían contenidas en el stock de plástico de la economía en forma de bienes de uso duradero. Obviamente, en un sistema en estado estacionario esta acumulación debería de ser nula; pero considerando la larga duración de algunos materiales, como los usados en construcción, y el rápido crecimiento de la demanda de plástico hasta principios de siglo, cabe esperar que la economía aún esté acumulando plástico. Desde la década de 1950 la economía europea ha utilizado unos 2000 Mt de plástico, de los que se estima que algo más de una cuarta parte sigue en uso. Según un modelo preparado por Material Economics Sverige AB (actualmente parte de McKinsey & Company), el volumen actual de plásticos presentes en la economía europea asciende a 550 Mt y sigue creciendo a ritmo de 8-10 Mt/año. Este desfase temporal no solo se debe a la existencia de bienes de muy larga vida, sino del distinto uso del plástico. Los bienes modernos de larga vida útil, como los automóviles, contienen más plástico que sus versiones antiguas, lo que explica una parte de los 21 Mt perdidas que se calcularon anteriormente. Claro que la acumulación no puede suceder indefinidamente y todo el plástico utilizado terminará tarde o temprano incinerado, en vertederos o dispersado en el medio ambiente en forma de residuos descontrolados o fragmentos producidos por el desgaste de objetos como textiles sintéticos o neumáticos.
Tomando como buena esa acumulación de 8-10 Mt año de plástico secuestrado en bienes duradores, aún quedan 11-13 Mt que perdidas del balance al plástico en Europa. Este desfase ya se puso de manifiesto en otros estudios. En 2022 SYSTEMIQ, una empresa internacional de consultoría, publicó el informe Reshaping plastics: Pathways to a circular, climate neutral plastics system in Europe. En el calculó que, en 2019, de una demanda total de 50.7 Mt de plástico solo 29.1 Mt se pudieron recoger como residuo. Los autores atribuyeron la mitad de la diferencia a la acumulación en bienes de consumo duradero, lo que deja aún 10.8 Mt que deberían de estar acabando su ciclo de vida como residuo incontrolado, en línea con el cálculo detallado anteriormente.
El plástico que no aparece en los balances anteriores es difícil de explicar si no se asume que se trata, precisamente, del que detectamos en los distintos compartimentos ambientales cuando muestreamos residuos plásticos. Es el plástico que no retienen las plantas de tratamiento de aguas residuales; el que las lluvias arrastran hacia nuestros ríos cuando las redes unitarias de saneamiento se saturan; las fibras sintéticas que caen del aire; y las partículas que se desprenden de los neumáticos de nuestros automóviles.
La pregunta obvia es si es posible evitar este flujo continuo de plástico hacia el medio ambiente. La respuesta es que no es posible como no es posible reducir a cero el impacto de ninguna de nuestras actividades. Lo que sí es posible es mantener ese impacto en límites asumibles. Otra mala noticia es que no es posible hacerlo sin cambios sustanciales en el uso y gestión del plástico. Esto se tratará en otra entrada de este blog.
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Roberto Rosal | Catedrático de Ingeniería Química | Copyright © 2025